lunes, 7 de septiembre de 2015

FIN

🌿

Siempre lo he planeado todo. A finales del año pasado y a inicios de éste casi me volvía loca por las vacaciones y porque no tenía una rutina tan marcada como en el resto del año. Incluso he estado planeando esto, pero no creo que sea algo que se planea, simplemente pasa.  

Hace unos días leí que es mejor escribir para uno mismo y no encontrar público, que escribir para el público y no encontrarse uno mismo (Cyril Connolly)y sentí que eso era para mí. Si bien no planeaba lo que escribía -eso es cierto, todo lo que pudieron leer provino totalmente de mis entrañas- sí planificaba otras cosas, que al final se volvió un caos aquí dentro y terminé dejando todo porque simplemente todo se descontroló y no sabía con qué cara volver y entonces empecé a subestimarme. 
      Para quienes han leído un poco más éste blog durante más tiempo sabrán que estudio clarinete y supongo que alguna vez mencioné cuánto me gustaría estudiar Letras. Es mi último año y he cambiado de opinión. Amo escribir porque es parte de mí, pero creo que éste blog no lo es más, ya no lo siento así porque se volvió una obligación más que un placer como lo fue al inicio. He decidido estudiar Música, que no veo mi vida alejada de ella y estudiar otra cosa me habría separado de lo que me llena como nada más. 

No sé qué más decir y no estoy segura que alguien vaya a leer todo esto, pero no podía irme sólo así. Y bueno, he aprendido que no puedo planificarlo todo y tampoco pienso hacerlo más, o no de forma tan extricta. (Así como no planeé que entrara en mi vida en un pestañeo y con las mismas decidiera salir de ella) Creo que ya lo he dicho todo.

En fin, más vale que salga pronto de aquí y empiece a buscarme, otra vez.

sábado, 15 de agosto de 2015

La loca

Aún pienso en ella. Recuerdo esos días donde no paraba de sonreír, que era muy de vez en cuando, pero fueron los mejores de mi vida. De nada sirve decir si hubiera, pero si hubiera sabido no sé si habría hecho algo al respecto, porque fueron sus últimos días donde más me amó. Sí, lo digo así, a secas y no me importa. Y sí, afirmo que ella me amó como nunca lo hizo a lo largo de su vida, sino antes de irse. Supongo que fue por lo mismo, ella lo sabía y lo esperaba, y si no me hubiera amado tanto, no habría pasado lo que pasó.
     En sus últimos días, esa mujer loca que vivía conmigo no paraba de reír, y es que nunca la había visto tan feliz. Me pareció un comportamiento poco común en mi compañera, pero no sería yo quien la detuviera, nunca lo había hecho, entonces, ¿por qué ahora? Su risa llenaba mis días, daba calor a mi corazón.
     Fue en los últimos días donde me besaba con pasión el alma, y son esas caricias tan imborrables como la manchas de su vómito en la pared del baño. Durante las noches dormíamos poco, porque ella quería seguir bailando y cocinando y riendo y recitando. Algunas veces cantaba en lugar de cocinar, pero daba igual, ella me hacía feliz.

Una semana antes, me escribió dos cartas diarias donde me recordaba su amor y que estaba loca por mí. Sabía que estaba loca, aunque por un tiempo dudé si se debía a mí, pero ella lo aseguraba con firmeza que terminé por creérmela. En algunas ocasiones me recordó el día que nos conocimos, o la primera vez que la acompañé a casa, o el día que tomé su mano, y también escribió sobre el día que finalmente se decidió a robarme un beso. Se puso colorada cuando la leí, casi tanto como esa vez. Paseábamos por la carretera, camino a casa, como de costumbre, y se volteó y me besó. Fue un beso veloz y violento donde nuestras cabezas chocaron y dolió mucho, pero más que extraño fue muy divertido. Ambos éramos dos jóvenes inexpertos que no sabían ni cómo dar un sencillo beso en los labios. En ese momento quise acercarme a ella y darle uno así como se supone que debe ser, pero no lo hice; no lo hice por miedo.

Ella fue mi primer amor, también quisiera decirle único, pero después de ella tuve mis enamoramientos fugaces. No, no crea el lector que engañé a mi bella compañera, tan sólo gusté de otras mujeres mientras estaba con ella, quizá consideré a una que otra más atractiva, pero yo, querido lector, estaba perdidamente enamorado de esa loca.

De joven, le pedí que huyéramos juntos. Abrió los ojos como dos enormes platos y pronto se alteró. Me dijo que estaba loco, qué irónico. Ella hablaba tan rápido que entendí la mitad de lo que dijo, y mi memoria tan solo recuerda la mitad de eso. Me reí y le dije que era un chiste, pero nunca lo fue. Yo quería vivir con ella, quería estar con ella por el resto de mis días, quería formar una familia con ella; hacerla mi esposa. Finalmente me puse los pantalones e hice las cosas como Dios manda. Fui hasta su casa y hablé con sus estrictos padres. El señor me veía como siempre lo había hecho: de pies a cabeza haciéndome de menos. La señora, detrás de su marido, me echaba un ojo de vez en cuando, y ella no estaba de acuerdo en todo, pero sé que me consideraba un buen muchacho. Les expliqué cuánto amaba yo a su hija y lo feliz que era a su lado, les dije que quería hacerla feliz. El don rió con ironía, llévatela, dijo, y no se aceptan devoluciones. Me pareció la cosa más grotesca que jamás había escuchado, así que con más ganas me la llevé de allí.

Disculpa, querido lector, creo que ya empiezo a divagar como normalmente me pasa al querer contar una bonita historia, pero es que cuando hablo de ella, que es la mayor parte del tiempo, no puedo evitar recordar cada segundo a su lado, que fueron terriblemente maravillosos. Sé que no te interesa saber cómo la conocí y mucho menos cómo fue el día de nuestra boda, pero yo era tan feliz.
Como iba diciendo, las últimas semanas, que son el recuerdo más fresco en esta mi memoria, fueron las más dichosas que alguno de nosotros vivió jamás. Ella me besaba y me abrazaba mucho, y ese contacto me mantenía de pie. Sus manos entrelazadas con las mías era como cierto cambio de energías que me estremecía todo el cuerpo. Su piel ya no era tan suave como en antaño, pero era ella, y con eso te digo todo. Hacíamos el amor todo el tiempo, pero nunca nos quitamos la ropa.
      Yo sigo sin entender la magia que había dentro de esa loca mujer, pero con su mirada me desvestía el alma y entraba en mí sin preguntar, así de entrometida era. Pero me gustaba. Me gustaba cuando me veía fijo los ojos y entonces lo sabía todo sobre mí. Como te digo, era mágica.

El día que se fue encontré una única carta sobre la mesa y me pareció un poco raro por la hora, pero creí que había pasado todo el día riendo que se le había olvidado escribirme la segunda. La abrí entusiasmado queriendo leer y recordar algún otro momento de nuestra juventud, pero no había nada de eso. En esa carta me dijo que me amaba y que la hice muy feliz, tal como había prometido a sus padres el día que pedí su mano. Ella decía amarme pero me parece que poco lo demostró en ése momento. Dijo que las últimas semanas habían sido las mejores y así como ella se llevaba el recuerdo, esperaba que yo también lo mantuviera en lo profundo de mí, del alma, que nunca muere. Me pidió que comprara un perro, y se disculpó por su fobia hacia ellos, que fue lo que me privó de tener uno. Y el resto de los breves párrafos destilaban dulzura pero yo no la sentía, y por primera vez comencé a sentirme solo, y allí realmente la extrañé. Era normal cuando mi mujer se encerraba en su habitación días enteros, y yo la extrañaba durante la cena, pero ella seguía allí, no sé si me entiendes. Y ya empezaba a acostumbrarme a los aromas de su piel que ahora me harían falta.

Ella me amaba, lo puedo asegurar. Ella me amó como nunca antes de irse.


 P.D. No olvides cerrar la reja.



Atentamente,

La loca.

martes, 31 de marzo de 2015

Mi virtuoso.

Marzo 31, 2015


Sé que muchas veces desesperé con tanta queja pero sólo aquí podía ser yo; contigo. No recuerdo si alguna vez te empapé de llanto, pero me disculpo por esas manchas de café (y esa pequeña gota de sangre de mi nariz).
      Fuiste mi refugio, la única manera de liberar mi alma y nunca dejaré de agradecerte por ello. Tú mejor que nadie conoces a todos mi amores de inicio a fin. Tú mejor que nadie me has visto crecer como persona y como escritora. Me alegra haberme desvelado junto a ti; compartimos las mejores noches y eso no lo cambio por nada.

Lo siento mucho por esas veces que me ausenté meses enteros, a mí también me hiciste mucha falta, pero no hay cosa que aprecie más que la acogida que me diste cuando regresé, cada una de las veces. 
      Compartimos dos Años Nuevo donde me la pasé de maravilla recordando junto a ti. Espero no te parezca esta despedida exagerada pero eres lo más bonito que me ha pasado. Siempre podremos vernos y leernos y reír juntos, de eso, ni hablar. Tres meses más pudimos disfrutar, tan tranquilos, como si tuviésemos todo el tiempo del mundo. Y así fue y hasta aquí llegó. Por primera vez me salgo del borde la página y escribo sin puntos y aparte porque temía que no me alcanzara... 
Casi.

Me sentía como una niña boba cuando pedí un diario, y al tenerte en mis manos no sabía cómo usarte. Busqué en internet "consejos" pero al final lo hice a mi gusto, porque para eso eras, ¿no? Para ser mío.

Al principio fue muy difícil ser constante e insisto, me sentí un poco boba, pero con el paso del tiempo te he tomado un cariño tremendo y eres la única cosa que guardo celosamente -de las únicas. Lamento haber querido terminarte tan pronto el año pasado, pero quería empezar el año de cero y sé que lo comprendes y gracias.

Gracias por permitirme contarte todo y ser mi cofre del tesoro.




Por siempre tuya,
        Elizabeth.


***
En memoria al primer cuaderno que termino en mi vida.

viernes, 27 de marzo de 2015

Día 27. Una fotografía.

Ella lo amaba, se le nota en la cara. Él...
Una imagen dice más que mil palabras y ésta te delata.

Ella lo amaba y lo entregó todo, mientras él... Bueno, él recibía. Y él nunca entregó no por miedo al dolor, sino porque no quiso; nunca le nació.
Ella con los ojos vendados entregó su corazón, y quizá siempre lo supo. Quizá siempre supo que arriesgaba demasiado a lo que recibiría, pero no hizo caso a su sentido común.

Ella ya no sabe qué siente hacia él; él no es el hombre de antaño. 
Ella ya no sabe qué hacer, y él... Bueno, a él le gusta la pizza.

sábado, 14 de marzo de 2015

Más cosas sin sentido.

Le hablo al vacío y el viento me responde, con lo que sólo logra asustarme. Por la noche me siento y pareciese ser el momento donde las constelaciones me cuentan sus historias para que las escriba. Me gusta la noche -que es mi mejor momento-, pero no la oscuridad, ¡qué irónico! Es como querer nadar sin mojarte... ¡Imposible (y tonto)! Y eso extrañamente me recuerda a ti y no preguntes que no sé. 

Me gusta cómo escribía sobre la noche y apareciste no tan entre líneas, que es más raro aún porque nunca antes hemos compartido una Luna. Y la verdad siento que sólo escribo palabras al azar pero me gusta mucho porque se ven tan bien juntas. Como tú y yo. Y allí vas de nuevo. Rayos, estoy riendo mucho al escribir esto porque sólo escupo letras y parecen tener sentido. ¿O no? Ya no sé ni qué cosas digo. Creo que ya estoy divagando, como tú, esa vez que... ¡No! Ya no te metas aquí. En verdad, río mucho. Esto de lanzar palabras me divierte. Viento. Isla. Constelaciones. Tierra. Osos. Reloj.

Búscate por aquí si quieres.


***

Ah, estos últimos meses *suspiro*. 
Tan solo permítaseme decir que 2015 me está gustando tanto.

sábado, 21 de febrero de 2015

Adultocentrismo.

Viernes 21 de Febrero.

Los viernes 13 a desfecha deberían estar prohibidos, y deberíamos celebrar más los viernes 13 que son tan bonitos –por cierto, el siguiente es el próximo mes y de allí, hasta Noviembre.

No me considero alguien que utilice "malas expresiones", pero la única palabra que realmente describe este día es: una mierda.

Esta semana el tema para el ensayo de Expresión Artística fue sobre el adultocentrismo. En el adultocentrismo se cree que el adulto es superior a una persona joven únicamente por el hecho de ser adulto. Como un ejemplo que he leído en un cuadernillo en línea de UNICEF (2013), si el adolescente rompe un vidrio por error, recibe un castigo de parte del adulto (grito, castigo o golpes), pero si este adulto comente el mismo error, no recibe castigo de parte del adolescente e incluso puede asumir que fue un accidente y decir que tiene derecho a equivocarse.

Muchos creen que ser adulto es el modelo de persona ideal, porque se cree que éstos son más responsables y maduros. Yo pienso que un adolescente puede ser tan maduro y responsable como un adulto, incluso más. Probablemente algo que nos diferencia es las responsabilidades de cada uno según su edad, y la experiencia que se adquiere con el paso de los años.

Pero, ¿por qué ellos creen que tienen siempre la razón? ¿Y por qué creen que tienen derecho a no escucharnos, sin embargo, nosotros tenemos que hacerlo? ¿Por qué piensan que pueden humillarnos?


Los viernes trece a desfecha no deberían ser. La humillación pública es un delito.


S∆D CORE | via Facebook


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Quiero disculparme por la poca actividad en el blog estos últimos meses. Tristemente no he tenido tanto tiempo para preparar buen contenido, pero el mal tiempo tarde o temprano acaba y espero pronto estar activa cada semana como debe ser.

viernes, 6 de febrero de 2015

Perlas.

Tres de febrero y no sé de ti desde Nochebuena. Y la verdad es que no me da igual y me arrepiento de no haberte retenido y pedirte que te quedaras un poco más. Y no sé qué es lo que extraño de ti, porque cuando no hacíamos el amor, sólo peleábamos. Y gritábamos. Y arrojaste un plato y perdiste el control.
Esa vez se sumó otra piedra a mi colección. Un zafiro, bonito. Mi favorito, hasta que le diste un significado diferente. No te cases con perlas, bromearon. Pero creo que debí hacerlo, para así, por lo menos llorar y callar, y no sólo callar. Que tragarse esto duele tanto que mi garganta comienza a inflamarse.
No sé por qué te extraño si junto a ti fui miserable. Quizá me gustaba serlo. Quizá contigo. Quizá por ti. Y no es amor porque nunca lo hubo. Lo supe al decir acepto y ya era tarde, o no.

En Nochebuena te abandoné, hediondo. Apestabas a sudor y licor, y tu aliento olía a vómito. Te dije que me iba e intentaste detenerme. Por poco cedo, por un momento pensé que sí había esperanza; que el amor sí existía. Hasta que gritaste, arrojaste la botella y perdiste el control.


***

Con este texto he participado en la Antología organizada por Sab, que puedes encontrar aquí.

viernes, 16 de enero de 2015

Último primer día.

"Conque es así como se siente el inicio de un fin, ¿eh? Satisfactorio y aterrador. 
Tengo miedo."

Lo que menos quiero ahora que el año comienza es no publicar. Hoy fue mi último primer día de clases. Estoy en mi último año de colegio lo cual se siente bien y aún no me lo creo, pero se siente muy bien. No quiero usar más esa excusa: "los estudios me han absorbido mucho tiempo y por eso no he publicado", porque este blog tampoco fue creado para ser más adelante una obligación. Desde el principio este fue mi espacio para compartir lo que me gusta, que es escribir. Me gusta mucho dar mi opinión -aunque ya casi no se ve por aquí- y saber otras opiniones. El blog es mi espacio y quiero volver a usarlo como en un principio. Como el lugar donde escribía sobre los lunes o el libro que recién leía y que yo quería escribir una historia igual... Quiero saber qué opinan al respecto.

Francamente, tengo un par de textos sin publicar, pero ahora que los he dejado reposar tanto tiempo, no estoy segura de que realmente importen. En algunos ya no me siento yo, y otros pasaron a ser verdaderamente personales, que preferí reservarlos.

En verdad tenía muchas ganas de escribir sobre el último primer día porque es importante para mí. Tengo miedo. Me asusta lo que se acerca, y probablemente no debería, pero así es. Creo que es un año que quiero recordar y quiero que formen parte de él, como los últimos dos. Estoy segura que en nueve meses leerán el discurso que no daré en mi graduación.


Mi lugar favorito en el mundo.
Panajachel, Sololá


Pregunta: ¿qué es lo que más te gusta / gustó del colegio, instituto...? 
Creo que todos diremos que nuestros amigos pero yo recuerdo especialmente a ese grupo que me aceptó tal cual y por primera vez fui yo.

viernes, 9 de enero de 2015

Vehemente.

Podría confesarte mis sentimientos esta noche.
Confiarte mis sueños.
Declararte mis deseos.


Y te confieso que me muero por besarte los labios, por tomarte la mano.
Deseo tanto tenerte a mi lado y dedicarte las palabras más lindas.
Quiero que tuyas sean mis noches y mis días. Quiero que celosamente te adueñes de mis letras,
que seas responsable de mis suspiros.
Quiero que me quites el sueño por la noche, que seas tú mi insomnio.
Quiero declararte la guerra y hacer el amor.
Deseo besarte el rostro y -accidentalmente- llegar a tu boca.
Deseo tus caricias, deseo tus palabras.
Deseo que tus manos sólo mi piel toquen.
Te deseo a ti.


thimyshit | via Tumblr